Es curioso cómo las cosas (y hasta personas) se dejan de apreciar por la cercanía constante hacia ellas. Este fin de semana estuvieron de visita unos primos que son de la zona del Bajío, que es una tierra muy rica y famosa sobre todo por sus fresas, sin embargo, no obstante el calor (de la Canícula, además) disfrutaron mucho su estancia por éstas tierras, pues tenemos la fortuna de formar parte de la zona huasteca, compuesta principalmente por tres estados (o hasta cinco): Tamaulipas, San Luis Potosí y Veracruz donde hay playas, flora y fauna riquísimas, agricultura y ganadería altamente productivas, en fin, una zona de amplia biodiversidad.

A ellos no les tuve que explicar nada de esto, pero cuando vieron los árboles de mango que dan sombra a mi jardín y probaron la fruta recién cortada del árbol, cuando fuimos a comer a la playa mariscos frescos, cuando se enteraron de los cocodrilos que viven tranquilamente y vagan ocasionalmente por canales de la ciudad… sencillamente disfrutaron.

Hace un par de años estuve de visita por Cancún (casi un paraíso en México… y no sólo por su belleza) con unos familiares, y me quejaba con mi prima de que no había encontrado queso fresco en el supermercado. Me mira a los ojos y me dice: prima, voltea a tu alrededor, dónde ves a las vacas??? Claro, acostumbrada como estaba yo a vivir en un lugar donde hay de todo, no lo había notado.

Somos zona huasteca, llena de pueblitos potosinos de encanto y tradición, de herbolaria y leyendas; de reservas ecológicas tamaulipecas, de cuevas y cerros enigmáticos; del puerto veracruzano histórico, de jarochos voladores y dicharacheros… de bosque y mar, de sierra y planicie, de individuos de raíces ancestrales y de recién llegados… Así es mi tierra. :D

Y tuvieron que venir mis primos para que yo lo recordara… curioso, no?

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