Un día de accidente, pirámide, boda, gato muerto, cuadripléjico y artista urbano

Hoy tuve ganas de ir a la playa, simplemente a que me diera un poco de aire fresco en un día particularmente caluroso del verano europeo. El metro, con su sopor y mala ventilación no se antojaba como una buena opción, así que decidí ir caminando. Después de todo, aunque la distancia no es poca, siempre un poco de ejercicio viene bien.
Apenas había cruzado la calle frente a mi departamento cuando de reojo veo un alcance entre una moto y un carro, nada serio, pero el susto fue suficiente para que el motociclista perdiera el equilibrio y cayera sobre un costado, vi un par de cascos irse de lado y al incorporarse me encuentro con que es una niña y su padre, ella llora porque la moto ha caído sobre su pierna, y mientras reacciona su padre, un pasajero del vehículo y un transeúnte se apresuran a ayudar, la niña está bien, pero el papá ha sufrido alguna torcedura de tobillo, por decir lo menos. Observo mientras camino pero ya están llamando por ayuda, así que no sufriendo de curiosidad exagerada, continúo mi camino.
Se disfruta, se siente un aire agradable acompañando mi caminata. El arco del triunfo barcelonés me indica que voy a la mitad de mi destino y pronto ingreso al parque de la ciudadela. Allí me encuentro con un grupo que celebra 40 años de realizar pirámides humanas, mientras paso, hacen una de ellas, varios curiosos observamos y aplaudimos una vez hecha la acrobacia.
Me he metido al parque y no estoy segura de cómo salir, no conozco todos los accesos pero me encamino hacia donde creo que debo avanzar, pero entonces veo a un par de chavos vestidos de traje, bueno, supuse que alguien por allí tendría una sesión fotográfica o algún otro tipo de evento; pero entonces continúo caminando y me encuentro con una boda recién realizada. Los novios están fuera de la iglesia recibiendo las felicitaciones de sus invitados y entonces se me ocurre sentarme en una banca en el parque de enfrente. Siempre es interesante observar costumbres desconocidas, no? O eso creí yo, porque no pude ver mucho, excepto que dado el calor veraniego, igual las mujeres que los hombres usan abanicos de mano y por supuesto, no podía dejar de aprovechar las ideas en vestidos, diseños, zapatos, bolsos y combinaciones, no podría preciarme de ser mujer si no lo observara.
Una vez que veo que el séquito comienza su partida, también lo hago yo, y por fin encuentro una salida, no precisamente hacia la dirección que esperaba, pero ya me resultaba conocida la calle que tomé, así que enfilé de nuevo hacia la playa, teniendo mi norte muy claro gracias a Mapfre.
Un gato sospechosamente inmóvil aparece en un costado de la acera, no siendo especialista, ni siquiera simpatizante de ellos, pongo más atención y, o un samaritano tuvo la delicadeza de apartar el cadáver de la calle después de ser atropellado, o es un caso para CSI, dado que se veía en perfecto estado, excepto por un charco de sangre a la altura de la cabeza que ya veíase algo seco. Como sea, seguí mi camino, o más bien, ni siquiera me detuve y saqué de mi mente cualquier rastro de “sospechosidad” acerca de la muerte felina.
Un cuadripléjico en su silla se cruzó conmigo, se veía un tanto triste, tal vez ya una cara cotidiana para él, no podría saberlo, pero el hecho de que fuera solo se me antojaba como un indicio de independencia, lo cual me pareció aplaudible.
Un poco más adelante un viejo rabo-verde me dijo algo de una paloma, pero entenderán que no hice mucho caso.
Por fin llego a la playa, gente caminando de ida y de regreso, ropa mojada, caras felices, personas solas, acompañadas, amigos, familias… se siente un aire de verano en la calle.
Hacia el mar está el embarcadero, donde cientos de botes, barcos, lanchas y yates reposan en el vaivén del agua. En la banqueta, un artista urbano hace bailar a un esqueleto que además canta y tiene su propia silla para descansar entre espectáculo y espectáculo.
Sigo caminando para detenerme frente a un grupo de deportistas playeros, que no son otros que amigos y conocidos que juegan voly-bol, pero después de un buen rato y al no encontrarme con un juego que me entretenga, por fin decido regresar a casa. Nuevamente la idea del metro no se antoja como opción agradable así que me aventuro a un retorno caminando, incluso para probar mi resistencia.
Logro regresar sana, salva, acalorada y no muy cansada, pero con cierta sensación de felicidad por haberme decidido a salir sin mayor plan que el de caminar y así haberme topado con tantas historias, momentos y detalles que me pueden hacer pensar en cosas trascendentes e intrascendentes.. o sencillamente pensar que estuve allí para verlo.