Una copita de vino, un jazz agradable, una conversación amigable, una noche que no se antoja que avance. Un día de trabajo ha terminado y hay que prepararse para el siguiente, pero a veces hay momentos que uno desea congelar; hoy mismo es uno de ellos. Un señor, un hermano de la Iglesia, un siervo de Dios ha dejado atrás este mundo cruel e inhumano, ahora goza de la presencia divina y su alma ha emprendido su viaje hacia la eternidad, un brindis en su honor.