Ayer por la noche tuve una reunión con un grupo de amigas, cuatro americanas que coincidimos en un momento y un lugar y en circunstancias que nos hacen apreciarnos mutuamente. Una venezolana que es una pana muy chévere. Una colombiana toda marica-hp-vehemente como ella sola que siempre nos hace reír mucho. Una mexico-americana con ese carácter que sólo puede ser de su herencia regia y esa desfachatez estadounidense que la hace única… y yo. Anoche nos invitó a cenar mi casi-paisana para probar algunos platillos originalmente marroquíes, pues su suegra los preparó y llegó directamente con ellos de Marruecos. Toda una experiencia gastronómica.
Compartimos momentos de risa, miedo y tristeza. Del otro lado del mundo nos reunimos frente a una mesa a platicar y a celebrar esa vecindad de la que hoy en día es tan fácil disfrutar. Diferentes culturas –aunque en el caso de nosotras cuatro, unas raíces en común– que se complementan y se enriquecen mutuamente a través del lazo de la amistad.
Cada vez es más cercano el momento en que nuestros caminos podrían separarse, nada está escrito aún, pero es una realidad, aunque también es una realidad este lazo que puede permanecer alrededor del mundo si es necesario. Desde hace un tiempo somos vecinas de este mundo, sólo que no nos habíamos asomado a platicar. Ahora me siento más a gusto, en casa, con mi gente… in this Third Rock from the Sun.😛