Estoy un paso más adelante que el resto de los mortales para superar un crack de computadoras. En realidad ya me ha pasado antes, ya me he quedado sin computadora y no ha sido la mejor experiencia, pasé por varios estados emocionales pero aproveché el tiempo y dos semanas sin una lap de la que se llega a depender tanto en la distancia también pueden llegar a ser productivas, culturalmente hablando, es decir, en ese lapso tuve por compañía a un par de escritores locales y a un trío de clásicos, americanos y europeos ellos; cinco libros en quince días, batí mi propio récord, bueno, si lo tuviera. Me autosecuestré literariamente un fin de semana y terminé con síndrome de Estocolmo.
Sin embargo ésta semana me deparaba otra sorpresa, nuevamente un error me dejaba “tirada” pero ahora fue ligeramente distinto. Tengo una responsabilidad y es totalmente necesario el uso de una computadora e internet durante al menos 4 horas diarias. He aprendido que a veces simplemente el universo conspira en tu contra –si se me permite usar la expresión–, pues puedes “secuestrar” las computadoras de un par de buenos amigos (excelentes sería más adecuado) y… entonces quedarte sin internet; no, pero no es sólo quedarte sin internet, no; tu proveedor tiene a todo un sector de la ciudad sin servicio en el momento justo que más lo necesitas (claro, en el que te encuentras), así que salir a buscar una señal para poder entregar un trabajo, eso es toda una experiencia (me pregunto si se podrá agregar al curriculum vitae). Tantos comercios presumen de: internet gratis! pero encuéntralos en un momento de urgencia, o mejor dicho, encuentra a los empleados que te sepan decir cómo conectarte cuando por fin encuentras un lugar con señal. La sensación podría conceptualizarse un poco al estilo diccionario Larousse: acción y efecto de mendigar señal inalámbrica.
Luego sucede que nadie puede arreglar tu equipo, y que cada vez que alguien lo revisa tiene que hacer exactamente lo que tú ya hiciste 20 veces, porque bueno, hay que asegurar que no hiciste mal algo, o que te faltó hacerlo, no? aunque obviamente que en la desesperación te conviertes en un autodidacta de sistemas de primera categoría. El técnico de la fábrica ya es casi de la familia porque te conoce enojada, seria, bromeando, exasperada, lógica, irracional, exigente… cuando por fin la luz ha sido vislumbrada, el técnico terminó por tener razón (era un error de microsoft y habría que recurrir a linux) y prácticamente uno mismo ha sido capaz de hacer la reparación, la semana casi ha terminado; una semana de terror informático iniciada hace exactamente 130.5 horas (no es que esté contando), pero que aún no finaliza. Todo puede pasar para completar el círculo del chamoy. Empiezo a sospechar que no es que Murphy haya querido establecer una ley per se tal vez sencillamente pasaba y se le ocurrió acuñar el término, al final de algo debía servir que las cosas salgan mal, no?
El peso de las “emociones” ha hecho estragos. Así que si algo sucede, que mejor venga y me encuentre descansando, ya voy agarrando condición y entonces estaré lista para el siguiente round.