Anoche mi amiga Claudia y yo salimos a pasear por el barrio Gótico, una zona bastante turística y pintoresca llena de pequeñas calles estrechas, repletas de gente, bares, tiendas y por supuesto, historia. Aderezado con edificios que datan del siglo X junto a algunos del siglo XX. Bueno, pues ese fue el lugar que elegimos para pasear un poco y buscar un buen lugar para tomar churros con chocolate, ya que la temporada otoño-invierno está haciéndose presente cada vez con más fuerza, además, una amiga de mi amiga prácticamente recién llegada a la ciudad quería conocer. Pues bien, aunque el objetivo estaba muy claro –chocolates y churros–, parte de la idea era “perdernos” por el barrio para llegar a algún lugar acogedor y disfrutar de la merienda. Claudia se hizo cargo, o más bien lo tomó y dijo que ella nos llevaría. Claro que en el “camino” (recordemos que en realidad no había uno trazado) se nos atravesaron algunas tiendas en liquidación y pues bueno, hasta ahora no he conocido mujer que sea capaz de resistir cuando menos la tentación de entrar y ver las ofertas, probarse algo si es posible y aún mejor, encontrar un artículo bueno, bonito y barato y ser las orgullosas portadoras de él.
La travesía entonces continuó y entre algunas fotos, tiendas –como las mencionadas–, gente y muchas calles… no encontramos nada. O para mejor decir, Claudia se rindió porque nunca por donde nos “perdimos” fuimos capaces de dar con ningún lugar con las características requeridas –churros y chocolate, por supuesto–. Incluso preguntamos pero al parecer nadie estaba consciente de que la temporada requería de contar con este tipo de importantísima información y por tanto, no la tenían… o no la querían compartir. El caso es que de pronto recordé que meses atrás había visto un lugar, sólo fue cuestión de orientarme siguiendo a la estrella polar (bueno, no precisamente, pero la idea era parecida) y voilá!.
Después de babear ante el menú por las fotos tan apetitosas entre las que se apreciaban tazas humeantes de chocolate maya, del soconusco, azteca, mediterráneo, caribeño y hasta fondue de chocolate entre otros, la decisión fue por el chocolate a la taza. Una bebida parecida a la brea en que la murieron animales prehistóricos pero que igualmente conservaron sus restos, como los del mamut devorado parcialmente por dientes de sable (esto sí existe, lean un poco); espesa, caliente, mortal… o eso me dijo Lina –la amiga de Claudia– ese chocolate era delicioso, muy peligroso (para su peso, claro), adictivo. Claudia lo disfrutó igualmente (deeeeliii, sería su palabra adecuada), le encantó pero no lo pudo terminar porque era demasiado dulce para su gusto. Y entonces estoy yo, la que no es precisamente fan del chocolate, así que para no desentonar lo único que hice –porque la verdad es que ya lo había probado antes, osea, versión brea– fue pedir que le pusieran algo de leche para tener lo más parecido a un auténtico chocolate abuelita.
Unos extranjeros se sentaron junto a nuestra mesa y pidieron una cata de chocolate (creo que así se llamaba) que también ofrecía el menú. Cuatro pequeñas tazas con cuatro diferentes mezclas de chocolate. Lina estaba como en trance, pensando que debería haber elegido esa opción. No estoy segura, pero si supiera chino podría apostar que lo que comentaban era acerca de una extranjera potencialmente peligrosa dispuesta a saltar sobre su mesa y apropiarse de aquellas bebidas en cuanto le fuera posible.
Qué pasa con el chocolate? por qué esa extraña fascinación? sobre todo por parte de las mujeres. Es que hubo algún fallo en mi adn que evitó que ese gen se activara y me pareciera tan irresistible?… o lo que sea que lo provoque. Aunque, hace algunos años descubrí que mi abuela materna tampoco es precisamente consumidora frecuente, así que más bien es herencia. No tengo problema con ello.
Pero este cacao americano (estudiosos dicen que originalmente mexicano :D), tan apreciado y valorado, tanto como bebida como moneda de cambio en la época prehispánica –y desde siglos a.C.–, y en la época actual en tantas combinaciones y variaciones como la imaginación y el gusto lo permite, que ha sido inspiración para libros y películas… sencillamente no lo puedo entender. Bueno, tampoco es que me sea totalmente indiferente, tampoco soy una insensible, pero mi gusto tiende más bien hacia el chocolate blanco, pero sin exagerar; aunque confieso que hace unas semanas probé el único pastel de chocolate que me pareció realmente delicioso, un pan casero realmente excepcional.
Fuera de eso… alguien me lo puede explicar?😉