Es verdad, ya había vivido un frío así de intenso en mi tierra tropical, la calurosa costa que llega a sobrepasar los 40°C en verano, éste invierno se está congelando. Y digo es verdad porque pareciera que uno no quiere recordar este tipo de sufrimientos climáticos –o al menos no yo– y los borra de su memoria –o lo hago yo– por padecer de friolentitis aguditis –como yo–. Bueno, no pasa nada, sólo hay que echarse encima medio guardarropa y caminar como robot antiguo (porque los actuales ya se las dan de muy flexibles), sufrir dalmatitis –o nariz fría– y consumir todas las calorías necesarias, digo, el cuerpo las necesita y por salud, adelante!.
Pero no todo es la felicidad de las bebidas calientes, calditos levantamuertos, panes y palomitas frente a la tele (porque no se antoja hacer más), noooo, si todo fuera como eso… hay que ir a trabajar y como para andar chancludo sólo en casa, pues ni modo, a bañarse, casi casi con ganas de meterse como manolito, así, con ropa. Aunque tal vez no todos sean tan productivos y haya quien esté en sabático (o poco productivo) y tenga ganas de andar todo el día en la pijama que ya le costó calentar toda la noche pero entonces viene el novio o hay que ir a ver a la novia y sopas, otra vez al cuartucho ese frío en el que hay que empaparse hasta las orejas quesque pa’ estar limpio, no se nos vaya a espantar el susodicho o susodicha en cuestión.
Total que se supone que por eso hay cuatro estaciones y ya deberíamos saber del invierno para el cual nos prepara el otoño, pero al parecer doña Planeta Tierra sufre de un calentamiento global que más bien sería bipolaridad global porque nos trae locos con sus cambios de temperatura y presión… aunqueee… esteee… parece que algo hemos tenido que ver nosotros, pero puesss… si nomás echamos humo al cielo, basura al agua, tiramos unos cuantos arbolitos, usamos petrolito y cosillas así, nimiedades ‘ombreee, pero así es de histérica –y al parecer histórica– la doña.
En fin, que creo que si no hacemos algo parece que va a seguir en su plan de fría con nosotros, o igual también se enoja y se le sube el calor… mejor pensar en cómo hacer que vuelva a sus cabales porque si seguimos como estamos un día no la contamos (o eso dicen que dijeron mis vecinos los mayas), por lo pronto a mí se me congelan las manos hasta para escribir aquí. Así que antes de que se queden pegados mis dedos al teclado… buenas y gélidas noches pasen mis ocho fanáticos bloguenses.