Un fin de semana de “puente” tiende a invitar al total descanso o a la total actividad. Tal vez desparramarte en un sillón frente a la tele pueda parecer una muy buena idea después de semanas de frenética actividad, siempre con el fin de relajarte, claro. Pero también un viaje por carretera puede antojarse igual de relajante para aquellos que lo disfruten –como mi familia, mi novio y yo misma, por supuesto–, así este fin de semana y así, en caliente ni se siente –bueno, así se dice– nos arrancamos a visitar parte de la familia… a 7 horas de casa. Ok, la idea era buena, pero ya no lo parece tanto si te oscurece mientras vas por la sierra, con lluvia leve, mucha neblina y peor tráfico, yendo a 30 km/h (o lo que es lo mismo kilómetrosporhora, pero hay que parecer conocedora) pensando en el momento de llegar a la autopista. Como un par de horas después –que te parecen un par de años– por fin la vislumbras, y entonces dices ‘ora sí, ésta es la mía… pero la neblina vuelve a aparecer para hacer de las suyas y mucha autopista, mucha autopista pero no te queda más que hacer formación de pato con otros cuantos vehículos más porque pues la vista-anti-neblina no es uno de tus talentos.
Tu familia te ha dado instrucciones precisas para llegar, sólo falta una. Claro que pasártela y perder casi media hora no era parte del plan, pero bueno no parece tan grave, después de todo es la última. Algunos individuos que resultan ser todos unos personajes nos ayudan a dar con ella… para darnos cuenta que aún faltan 70km para llegar! Quieromuchoamisobrinaquieromuchoamisobrina –me digo–. Un par de horas más de lo estimado por fin llegamos.
Un día y medio de mucha plática, paseo y diversión después (y un raro momento de lluvia, aire y frío que nos heló hasta los huesos), hay que tomar el camino de regreso.
Todo el viaje de ida manejó mi novio. Ahora al regresar era mi turno (hasta antes de las curvas de la sierra; simplemente no nos llevamos). La autopista, la vista, el día fresco y despejado, la música y peroclaroqueporsupuesto que la compañía (con todo y chaperones :)), realmente un “road trip” de mis favoritos… y que llegan las curvas y que se me acaba la poesía –me duró poco el gusto, la desventaja de emocionarse con la velocidad–. Pero debo decir que también me gusta “gepesear” o lo que es lo mismo, hacerle al GPS cuando se requiere, como en esta ocasión. Además se puede ver con más libertad la naturaleza, las nubes a tu alrededor, los pueblitos, los árboles, las presas semi-secas… semi-secas? no se puede creer, yo viajé mucho por estos lugares cuando era mucho más chica, y ahora me encuentro con que la presa de Necaxa está semi-seca. Es una estructura histórica, de tiempos porfirianos (1905) y se dice que entonces fue la más potente del mundo. Sin embargo, para mí era una laguna enorme que veía al pasar en mis viajes familiares por la región hace algunos ayeres, ahora incluso se ve triste, en las orillas se aprecian los metros y metros que hacen la diferencia entre un vaso acuífero que rezuma de vida y energía y otro que parece marchitarse. Cambio climático? mala administración? no lo sé, sólo puedo expresar mi sentir al ver aquél lugar.
Aún falta un buen trecho por recorrer y el día no puede estar mejor; cantando a todo pulmón y comiendo cuanta porquer… digo, comida variada y nutritiva tenemos a la mano, así, y luego de atravesar cinco estados, a Dios gracias hemos llegado… satisfechos del camino recorrido y listos (aunque no tan dispuestos) para regresar al mundo real🙂.