Tantas y tantas cosas se dicen del insegur, digo, del seguro social, tanto muy malas como muy buenas. Pocas veces las cosas son a medias con ellos: tardas hoooooras en ser atendido o tardas algunos minutos. Son muy eficientes en los resultados o los pierden sin remedio. Encuentras doctores(as) muy atentos y amables o te topas con unos verdaderamente insensibles seres humanos (nomás sabes que son humanos porque respiran, hablan y se mueven).

Pues bien, dado lo anterior, esto es motivo de que alguien como mi querida madre sea totalmente anti-seguro social, pero debido a que la atención sigue siendo gratuita y la tiene “a la mano” pues mi papá la convenció (no sin mucho trabajo) de ir. Me tocó acompañarla. Así, hecha previa cita, nos dirigimos a la clínica 77, donde una “amable” enfermera, y toda sonrisas yo, (ya saben de ellas, todas lindas y atentas) nos dijo que tomáramos asiento y ya nos llamaría cuando nos tocara turno. Por supuesto que estuvimos como veinte minutos antes de la hora de la cita. Ya pasaban vendiendo gorditas; pidiendo una “ayuditaparamihijaquenecesitamedicinasloqueseasusantavoluntad…”: promocionando vacunas contra la influenza (sí, casi era como de a dos por uno por tiempo limitado); chicles, cacahuates, muéganos, chocolates…. y entonces una voz como de megáfono empezó a llamar a algunos de los pacientes para decirles que levantaran la mano y se fijaran quién era el anterior, pues seguían de ellos; (justamente así) entonces llamó a mi mamá, pero aquí he de hacer un pequeño paréntesis para explicar que mi madre tiene un nombre compuesto, así que cuando sólo la llaman por uno de ellos, le crispa totalmente los nervios (cada quien tiene sus intolerancias)… y pues claro que la llamó así y allá va mi querida mami para ir a quejarse, digo, independientemente de su disgusto tiene razón en algo, luego la confunden por no decir su nombre completo, ya le ha sucedido. El caso es que conociendo las “políticas” de las enfermeras yo pensé que ya nos íbamos a amanecer allí esperando que nos atendiera el doctor, y con eso de que las señoritas en cuestión no tienen lo que se llama un sentido del tacto y atención, pues claro que también se hizo escuchar. Al parecer mi madre manejó apropiadamente la situación y al pasar unos minutos, pudimos entrar para que ella fuera atendida.

No soy experta en el conocimiento de tooodos los doctores(as) que atienden allí, pero no puedo decir otra cosa: qué doctor más amable y atento. Fuimos de las afortunadas que podemos hablar de una excelente atención por parte de un especialista (que he de decir también, se comenta que pasar de un doctor familiar a un doctor especialista, es un mundo aparte… en éste caso específico, lo puedo constatar). Con la sonrisa a flor de labios, palabras amables, respondiendo a todas nuestras preguntas y bromeando de vez en vez.

Pocas veces reconocemos a quien lo merece, tendemos más a quejarnos de lo mal que nos vieron, nos trataron, hablaron, etc., pues si yo me quejo, también procuro reconocer… si sirve de algo, vaya este post para hacerlo.