Este día ha sido el cambio de horario en México, al igual que en la mayoría de los países europeos y algunos americanos, y si bien no he sido víctima del olvido del atraso del reloj, sí de mi rutina para despertar. Así que ahora mismo que es domingo, estoy despierta desde las 6am, horario de invierno (podría haber algo más espantoso? es mi historia de horror de halloween).

Normalmente puedo despertar y volver a dormir… pero hoy parece haber sido la excepción. Después de dar algunas vueltas en mi cama y pensar si hago un poco de ejercicio, desecho ese pensamiento atroz, vuelvo a la cordura y descubro que la luz del día comienza a incrementarse a la vez que los sonidos. Si bien la casa está en silencio, en la calle se empiezan a escuchar algunos movimientos. El graznar de un pájaro, el vendedor del periódico haciendo sus entregas, algunos pasos firmes y constantes, un par de vehículos a lo lejos. Y mientras el sol expande más y más sus rayos en este lado del hemisferio, los sonidos aparecen con mayor frecuencia.

A pesar de personalmente considerar un falta gravísima tal desmañanada en un doRmingo (sin un plan que haga valer la pena la levantada… aunque está visto que si encontré algo por hacer), me encanta salir de rutinas de vez en vez. Ahora mismo, aprecio disfrutar de una tranquila, apacible, fresca y bloggera mañana de octubre –la última, por cierto–. ¿Cuántos compartirían en este momento mi experiencia matutina?