Como no he leído los libros de C.S. Lewis y me he limitado a ver las películas, igual me limitaré a hablar de la más reciente entrega de la saga desde el punto de vista de espectador de cine.

Así que empezando por el título completo, Las Crónicas de Narnia: la travesía del Viajero del Alba (así se llama el barco en el que se desarrollará la mayor parte de la película), procedo a hacer mi comentario.

Los que hemos visto las dos películas anteriores, sabemos que Narnia es un mundo de fantasía en el que el bien y el mal se enfrentan en situaciones épicas; que es descubierto por Lucy, la más joven de cuatro hermanos separados de sus padres por las circunstancias de la guerra y que en dicho mundo, se convierten en reyes. En ésta ocasión, sólo Edmund y Lucy –los más jóvenes– pueden ingresar a Narnia, puesto que Peter y Susan –los mayores– ya se han hecho demasiado adultos para regresar. Aunque ésta vez y “por accidente” también llega Eustace, el primo de los Pevensie que no es precisamente su mayor fan.

Así, en el Viajero del Alba, se embarcan a los confines del mundo conocido con el fin de desentrañar el misterio de una oscuridad que está haciendo desaparecer a muchos de sus habitantes. Deben enfrentarse incluso a sus propios miedos y tentaciones para vencer ese mal que asecha a Narnia. Y por supuesto, descubrirán las consecuencias por enfrentarlos, o no.

Básicamente, llena de las alegorías y efectos especiales a los que estamos acostumbrados con las cintas previas.

Buena opción para ver con toda la familia (aunque, niños muy pequeños mejor no).