De pronto llegó a mi memoria la primera imagen que tengo de él, ni siquiera tengo idea de la edad que tenía entonces, pero él estaba riendo y cantando con mis papás mientras tocaba su guitarra. Son de esos amigos de la familia que te han visto crecer, que si bien no nos frecuentábamos tanto, cuando nos veíamos, parecía que apenas nos habíamos despedido el día anterior.

Difícil es saber que no estará cerca, por mucho que sé que hoy simplemente liberó su alma de un cuerpo agotado, un espíritu inquebrantable al que el cáncer le arrebató la salud demasiado rápido y demasiado pronto. Aunque creo que tocaría agradecer por un ángel más.

“Cuando un amigo se va, queda un espacio vacío, que no lo puede llenar la llegada de otro amigo”. ¿Es que se puede decir algo más?

Descanse en paz. Juan Miguel “Chino” Carrera Ruesga.