No es una biografía. No intento explicar ni mucho menos entender el trasfondo de uno o más libros de éste escritor portugués. Hoy sólo pretendo hablar de tres de los libros que he leído de él, por el puro interés personal de hacerlo.

Ciertamente haber leído tres de sus libros no me da un derecho de crítica, pero comienzo a detectar un patrón de escritura –aunque ese se detecta a la primera, y algo densa– y de temas originales, bastante fatalistas por cierto. Puedo decir que rayan en el género del terror, pero como ni son presentados así ni la lectura lo sugiere no es sino hasta que lo has terminado y lo comienzas a “rumiar” que te puedes dar cuenta de ello.

El hombre duplicado
Un hombre común y corriente se encuentra viendo una película en la que por alguna extraña razón llama su atención un extra que aparece en ella. Algo no lo deja tranquilo y regresa a la escena donde aparece para darse cuenta que es alguien idéntico a él. Es como verse en un espejo. No le da importancia aunque le parece muy curioso, en el momento, pues posteriormente se ve a sí mismo obsesionado con la idea de conocerlo, y así lo hace. A partir de allí se desarrollan situaciones en las que se ven frente a frente, no comprenden el porqué de su existencia paralela y en su búsqueda por incluso, aprovecharlo, desatan una serie de eventos que finalmente terminan creando un presente alternativo para el protagonista.

Las intermitencias de la muerte
Un buen día –o más bien malo– la gente se da cuenta que ha dejado de morirse. Personas por aquí y por allá en éste país sin nombre no terminan de morir, ya sea que estén en agonía, ya sea que hayan sido cruelmente aplastados en un accidente automovilístico. Sencillamente no morían. Y todo comenzó el último segundo del último minuto del último día del año. De inicio todo era felicidad, la inmortalidad por fin por tantos anhelada… pero aunque haya sido más tarde que temprano, comienzan a darse cuenta de las implicaciones sociales, financieras y legales que aquello implica: aseguradoras que tendrían que pagar por siempre pensiones, funerarias que no tendrían más muertos por enterrar, herencias que no se efectuarían. Eso sin contar con los enfermos y accidentados en eterna agonía. De a poco se van dando cuenta que pasando la frontera la muerte aún trabaja. Y así, mientras se desarrollan actividades de “tráfico ilícito” y de pago de “transporte” para que los moribundos terminen por morir, alguien recibe una carta de la muerte –así sin “m” mayúscula– que viene a poner las cosas en claro.

Ensayo sobre la ceguera
Un día como cualquier otro. Personas caminando, manejando, trabajando… Como por generación espontánea un ciego surge de la nada. La histeria se apodera de él cuando, un segundo antes, sólo esperaba en su vehículo la luz verde del semáforo y ahora no hay más que blanco, como si constantemente viera un tazón lleno de leche. Un alma caritativa lo lleva a su departamento donde esperaría a su esposa para ir con un oculista. Pronto y como si algo sucediera tan sólo con ver a ese primer ciego, se comienzan a multiplicar los casos. Han de ser confinados porque nadie sabe si esto es una epidemia, lo cual suena ilógico, pero toda previsión es válida. Son encerrados en un manicomio, inicialmente por ser un edificio solo del cual podía disponer el gobierno, pero poco a poco se va convirtiendo en uno real, puesto que son llevados allí “contagiados” de todas clases y educaciones. Llenos de miedo y hambre –ya que el gobierno no está cumpliendo con su tarea de alimentarlos– primero se preguntan si algún día habrá una cura, después tienen que preocuparse de sobrevivir en un recinto olvidado de Dios y aún peor, en un mundo que no entiende lo que sucede, por qué sucede y mucho menos cómo arreglarlo.