Cualquiera que haya tenido una mascota y compartido momentos tal vez insignificantes, tal vez trascendentes, sabrá que el día que ya no está, llega a sentirse mucho su pérdida, es decir, mucho.

Cuando era joven, esperando en la puerta nuestra llegada

Somos una familia algo grande (tampoco tanto) y tuvimos la fortuna de que nuestros padres nos permitieran tener mascotas. Desde que puedo recordar, hemos tenido al menos a un perro en casa, claro que no los recuerdo a todos ya que cuando estábamos más pequeños por alguna razón se morían más seguido. Pero era simple, un día no estaba y ya. Comprendíamos, pero cuando somos menores, como que el sentido del apego es tan profundo como el tiempo que te puede durar un juguete sin romper. Así, recuerdo una temporada en que la casa era algo así como un zoológico privado y doméstico: un perro, un conejo, dos tortugas, un canario y doce peces (gatos? nuncamente!). El común denominador de las mascotas siempre era un perro. Varias razas desfilaron por nuestro patio, pero en mi memoria sólo hay pastores alemanes y después de algunos años comenzaron a llegar razas más pequeñas. Una pareja de fox terriers (el primero en llegar fue el macho y de verdad, era todo un orgullo para su raza), después una king cavalier charles spaniel (sí, así de rimbombante, pero es como cooker spaniel) a la que parece que el aristocrático nombre no le ayudó porque de pronto un día se “perdió” mientras alguien la “cuidaba”, y entonces llegamos a la “Boni” (por bonita, yo no escogí el nombre pero bueno, resultó pegajoso). Nuevamente fox terrier. Son una raza nerviosa pero muy valiente; “ratoneros” suelen decirles. No hay víbora, ratón, tlacuache, tepocata… que sobreviva después de un encuentro con ellos.

Once años no me caben en un post y son tantas las historias que incluyen risas, regaños, sustos, que mejor comparto un par de las recientes. Veía una película por la noche y para cuando terminó la escuché llorar por la ventana. Fui a revisar, tenía agua, su cama estaba bien pero no estaba tranquila. Entonces se para por un costado de la lavadora que tenía ropa acomodada encima pero por colgar (mi hermana estaba de visita y salió de pronto, dejando la tarea pendiente) y le digo: Ah! la ropa, no te preocupes, yo le digo cuando llegue. Y que se va a dormir! O_o… En otra ocasión la escuchamos ladrar mucho (que por cierto era como el timbre oficial; ya sabíamos que según el ladrido era un extraño, un perro extranjero merodeando por la calle o la bienvenida de alguien conocido) pero no entendíamos bien el porqué, era ya de noche y mi hermano iba a salir cuando en la puerta principal escuchó unos rasguños. Abre y se encuentra con la Boni y un cadáver de tlacuache (iiiuuu!). Era su trofeo y lo venía a mostrar. Y eso fue apenas el año pasado. Ya con sus diez años encima. Hace unos meses le trajimos una cachorrita de fox terrier (Mandy, por Mandarina, cortesía de mi sobrina) para que le hiciera compañía, y como nunca tuvo perritos, pensamos que era una manera de que salieran a flote sus instintos maternales. Al principio no estuvo de acuerdo, después medio la aguantaba, conforme creció peleaba con ella y un mal día de pronto dejó de comer, se veía hinchada y cabizbaja. Se le hicieron análisis, se le dieron medicamentos, se le hizo dieta especial (lo que nunca hicimos con ninguna otra mascota) y se vio una recuperación que al veterinario sorprendió, pero eran un hecho que aún así se le debía hacer una intervención quirúrgica y podría extender su vida un par de años más. Algunos días estaba un poco mal, otros mejor pero en franca recuperación y entonces recayó. Hace dos días se le programó la cirugía. Estaba muy débil así que le pusieron suero y postergaron la operación para hoy mismo. Todo resultó bien, y creo que aún despertó. No estábamos allí. Y su corazón perruno le falló.

Algo más de once años estuvo con nosotros. Nos dejó estando solita pero creo que tranquila de saber que nos dejaba en buena compañía con su hija adoptiva. Adiós viejita Bonita.

P.D. Podrá ser un post sensiblero y hasta fuera de lugar para algunos… es que sencillamente no puedo dejar pasar la historia de una perrita de mirada triste, pero tan activa e inteligente como sólo ella pudo ser; y es que su partida me hace llorar como niña que ha perdido a su muñeca favorita (o su mejor amiguita canina) y escribir me hace un poco de catarsis. Espero que me entiendas, o es que nunca tuviste una mascota así?