Jueves 7 de julio, últimos minutos del partido Alemania contra México del mundial de fútbol sub-17, un chico de Tampico que se había lesionado poco antes, hace un movimiento de chilena y mete el gol que le habría de dar la victoria y pase a la final con un marcador de 3-2. Cooonsigueee los boleeeetoooossss!!! me llama mi querido novio y ai’ me tienen buscándolos para el domingo 10 y nada, ya sólo disponibles casi en el techo del estadio Azteca. Pues aunque sea de esos, el chiste es estar allí. Muy a tiempo, un poco después ya estaban agotados. Ahora a buscar transporte y hospedaje. Listo! (gracias a mi hermana y cuñado, patrocinadores oficiales y aún mejor compañía).

Emprendimos vuelo al DF, al “coloso de Sta. Úrsula” como lo llaman. En el momento que entré y vi el monstruo que es, entendí el mote. No sufro de miedo a las alturas, pero debo confesar que sí me dio como un no sé qué que qué se yo tirándole a miedito (y es que sí casi llegamos al techo, creo que faltaron como diez filas). Llegamos muy bien, a tiempo y sin problemas. Alemania y Brasil aún se disputaban el tercer lugar. Armados con playeras respectivas de la selección y cámara, esperábamos con impaciencia el inicio del partido final. Sólo una sección fue rodeada de seguridad especial para los valientes uruguayos que se atrevieran a ir. Y salen los equipos para calentar un poco, un mucho… entran de nuevo y ahora sí, comenzaaamossss. México contra Uruguay en la copa mundial sub-17!!!

No hace falta narrar el partido, los que lo tenían que ver lo vieron, pero eso de estar entre más de cien mil almas cantando a una voz el Himno Nacional, el cielito lindo, las porras de ánimo y desánimo (para el equipo contrario, se entiende), de verdad que no tiene precio. Me sorprendió encontrarme con aficionados respetuosos del himno de Uruguay, mientras se escuchaba la música no faltó un peladito haciendo rechiflas o diciendo alguna tontería y más rápido que ipso facto era callado por las masas. Aunque bien pudiera mencionar que otro momento inigualable fue al anotar cada gol y que podía sentirse el estadio entero retumbar y desgañitarse y que de la emoción terminamos bañados con –gracias a Dios– sólo cerveza y refresco; la verdad es que me hizo sonreír una sola palabra: Fua! A ver, esto es un asunto viral no tomado del mejor ejemplo, sin embargo que de pronto se haya convertido en una palabra de aliento y ánimo, que de alguna manera el estadio entero se contagió y gritó a una misma voz al portero de casa, realmente impresiona. En fin, que ya se podía saborear la victoria. Julio Gómez, el héroe tampiqueño del partido anterior era aclamado (ya que no fue titular justamente por la lesión) para terminar de dar la estocada al partido. Vendado de la cabeza y todo, hizo su parte, no con anotación, pero sí con aliento para nosotros –espectadores– y para sus compañeros. Se acaba el partido con un gol más casi al finalizar y la emoción era ensordecedora (porque claro está todos gritábamos). Prácticamente nadie nos movimos hasta no verlos tomar el trofeo en sus manos y hasta hacer su vuelta olímpica, lo que aunque archivamos en nuestras mentes gustosamente, también provocó que en nuestro camino al vehículo nos cayera una tormenta marca acme que nos dejó calados hasta los huesos. Aunque pensándolo bien creo que eso sólo ayudó a hacer más completa la experiencia del triunfo. Qué tanto es empaparse con una tormentita eléctrica y casi desfallecer de hambre (porque la logística falló en la sección de alimentación) ante la satisfacción de ser campeones del mundo.😀

Un titular de un periódico decía: “Sin prostitutas ni clembuterol, la sub-17 mete gol” (perdón que no haga referencia al autor, no lo alcancé a ver). Y es que dice bien, se supone que los mayores deben dar ejemplo a los menores, pero en ésta ocasión fue todo lo contrario. Los más chicos han demostrado mejor comportamiento y mayores éxitos (y no es que crea que son unos angelitos, pero al parecer, conocen sus responsabilidades). No por ser un “mundial menor” deja de tener mérito. Me parece importante y trascendente su éxito. No sólo por ser el primero en ganar en casa, sino por demostrar que el enemigo número uno a vencer es uno mismo. Que ante la adversidad (en este caso goles en contra) no se detuvieron y siguieron adelante hasta que se marcó el final del partido.

En cada generación se habla de juventudes desenfrenadas, irrespetuosas y sin valores; tal vez sea cierto, tal vez por eso no hemos logrado salir adelante como país de la mejor manera o tal vez, sólo debemos alentarnos unos a otros como recién hemos alentado a unos chicos que decidieron hacer su “trabajo” y convertirse en los niños héroes del fútbol al darle un campeonato mundial a México, uno más.