En el año 2009, siguiendo una sugerencia de una de mis profesoras, abrí este blog. Ya lo he comentado antes, con cierto recelo y con algo de empeño es que lo he continuado desde entonces. Han sido 100 veces y hasta más –porque no todo lo he publicado– que me he sentado a plasmar una idea (aunque más frecuente y últimamente, compartido uno de mis hobbies: el cine). Pero sucede que tengo 99 entradas –o posts— publicados, así que el número 100 tenía que diferenciarlo con algo más o menos importante. Digo, porque habrá quienes le den más o menos importancia a mis opiniones. El caso es que vinieron varias ideas a mi mente, como hacer una especie de recuento del efecto resultado de escribir y lanzar al ciberespacio algunas palabras junto con millones que otros millones lanzan a su vez, u opinar acerca de alguna celebración cercana, o un escribir de un personaje urbano… pero de todo eso puedo “hablar” en algún otro momento, hoy hablaré de algo que me interesa personal y profesionalmente: el valor de las personas.

Hace unos días, alumnos de una de mis clases universitarias expresaban su inconformidad por el examen taaaan difícil que les había aplicado, los dejé que se desahogaran por un rato pero para cuando me pareció que eran suficientes quejas llegó mi turno de hablar y hacerles notar que ya eran bastante grandes como para saber lo que significa la responsabilidad y el compromiso… y entonces no tuvieron más para estar en desacuerdo.

Nuestro país está lleno de gente capaz, inteligente, creativa y trabajadora, pero lo olvidamos muy seguido, tan seguido que hoy mismo, faltando 19 segundos para que terminara el juego de basquetbol entre México y Puerto Rico durante los Juegos Panamericanos de Guadalajara y con un marcador de 72 puntos iguales… ganó el árbitro (porque es un hecho que exageraron con el marcaje), les falló la estrategia y se perdió el partido; las frases “tenía que ser México”, “como siempre, perdieron” no se dejaron esperar. Confieso que hasta me enojé de que no hubieran logrado la medalla de oro, pero lo cierto es que se nos olvida lo grandiosos que podemos ser y nos encargamos de que los demás también lo olviden con frases como esas.

Justamente en el tema de los Juegos Panamericanos, esa apertura de hace dos semanas fue realmente increíble, nos quitó el aliento a más de dos y nos sorprendió muy gratamente. La clausura, si bien más modesta, no se quedó atrás. Mi admiración al equipo detrás de la organización, ya sean nacionales o extranjeros, lo cierto es que la “mano de obra” fue mexicana a todas luces.

¿Tan difícil es hacer bien las cosas? ¿Tan complicado es creer que tenemos el potencial para realizar cualquier proyecto? ¿Tan lejano de la realidad creer que todo puede comenzar con prepararse correctamente para un examen?, ¿con no pasarse la luz roja?, ¿con poner la basura en su lugar?, ¿con respetar las ideas de los demás? Sonreír más, preocuparse menos; estudiar más, distraerse menos; respetar más, pelear menos; amar más, odiar menos… lo valemos, qué no?

Me doy cuenta que “sueno” un poco aleccionadora, pero mi intención nunca fue esa. Ya lo dijo El Principito “Los baobabs, antes de crecer, son pequeñitos”. Así que mejor hagamos como Mafalda: